ACEPTACIÓN Y DESEO
Dicen los Sutras: “Tranquilamente considera qué está bien y qué está mal, aceptando todo por igual, y, sin apresuramiento, sabiamente observa la Ley” La Verdadera Libertad no viene del afuera sino de nuestro interior. Podemos ser esclavos de nuestros deseos o de nuestra ignorancia que nos empujará a las malas elecciones de nuestro ego y que nos mantendrá así prisioneros.
Una de las herramientas más importantes para lograr esta libertad es fluir con la vida e ir aceptando lo que ella nos va ofreciendo. La aceptación no tiene nada que ver con la resignación (donde queda el sabor amargo del deseo frustrado), sino que es comprender que, según las enseñanzas Zen, “Todo está bien, todo está como tiene que estar", y “es lo que es”, ya que, en la trama de la vida, todo está concatenado según un orden y un plan divino. Es el Ego el que se muere de miedo y de angustia. Aceptar no quiere decir que uno consienta situaciones que en ese momento ve claramente que no son ni buenas ni luminosas, pero, igualmente permanece en Paz, porque comprende que, tarde o temprano, todo va a ser ajustado según la Ley Cósmica, y es en la seguridad que nos da este conocimiento, que somos capaces de “ofrecer la otra mejilla”, aquietarnos y serenamente aguardar, ya que, el desenlace perfecto, llegará siempre… Lo que hoy vemos como un gran dolor tal vez sea visto mañana como aquello que logró abrirnos a una conciencia más expandida, por eso, es fundamental mantener la paciencia y la confianza. Para lograr la verdadera aceptación debemos combatir el AHAMKARA (Hacer desde el ego) y tener la certeza que el resultado correcto para cada situación va a llegar siempre.
Cuántas veces la vida nos sorprende, de repente, como el Rayo que quiebra la figura de la Torre del Tarot, arrojando a sus habitantes a exponerse a lo inesperado e incierto, y esto en principio turba y llena de confusión.
Vemos cómo en este arcano se conectan el Cielo con la Tierra, y cómo el rayo parte la Torre al medio, como si fuese la cáscara de una nuez lanzando el potencial de vida contenida en las semillas que podrían así enraizar y comenzar algo nuevo. Es como si sus mentes y cuerpos prisioneros hasta entonces hubiesen estado clamando por ser iluminados. Uno entonces puede aceptar su realidad actual y fluir con los cambios surgidos, o intentar nadar contracorriente impulsado por las demandas de los deseos del ego. Estas “Torres”, en general son construidas por nuestros apetitos y terminan confinándonos en “Maya” ( Ilusión ) que no nos permite transitar el verdadero motivo por el cual estamos acá.
El Alma necesita de este escenario de la Vida para ir aprendiendo de las diferentes situaciones, por eso es importante llegar a ser del mundo pero sin pertenecer a el.
Lo que no cambiamos desde una conciencia despierta nos vendrá como el rayo de “La Torre” (Arcano del tarot) en forma de experiencias desde el afuera: una súbita enfermedad, un revés amoroso, una quiebra económica. Y es sólo desde la percepción de la perfección que la trama de la Vida posee que uno deja de oponer resistencia, fluye, acepta.
Porque sabe que aceptar es el Tao, es el camino del agua del arroyo que debe dirigirse inexorablemente a las profundidades del Ser, es el Sadhana (Sendero preliminar hacia Dios), es el Dharma (Camino y acción correctos).
Confrontar desde el deseo en la obtención de placeres fugaces solo hace retrasar la conquista del verdadero propósito por el cuál vinimos.
“Con una Mente Abierta, tendrás abierto el Corazón, al tener abierto el Corazón, actuarás admirablemente, al actuar admirablemente alcanzarás lo Divino, al Ser Divino, serás Uno con el Tao” (LAO TZE).
Y, aunque el cuerpo muera, y nuestra alma siga su viaje, haber aceptado transitar el camino correcto y fluir con lo que nos pidió la vida, es lo que nos hará inmortales.
GRACIELA LAURA FIRPO
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