"OH! DIOSES, DENME LA BELLEZA DEL ALMA
pues la exterior es frívola y perecedera” (Sócrates). Este pedido recobra vigencia hoy, cuando nos encontramos frente a una sobrevaloración de las apariencias externas, ya que, para “ser”, hay que ser eternamente joven (de aspecto, y a nadie importa si uno es viejo de espíritu), extremadamente delgado, y casi “modelados” por el mismo bisturí… tener determinados objetos materiales que dan la pauta de que uno pertenece a determinado grupo social, etc, etc.
Ya hace unos años. T.Bertherat dedicaba con mucho realismo en su libro: ”A la Sra.C, que se ha hecho la cirugía estética de la nariz, de los párpados, de los senos, pero que vierte auténticas lágrimas cuando se da cuenta que no puede hacerse la cirugía estética de la vida.”
Un paciente relataba hace poco qué prueba le había puesto la vida por delante. Él se había enamorado de una mujer muy hermosa con la cual se casó. Al año ella se enfermó de su tiroides y engordó 15 kg. que ya no pudo bajar. Como, evidentemente, el vínculo entre ellos no estaba basado en algo más espiritual y profundo, él no pudo soportar ni el deterioro del "objeto de su amor” ni los comentarios de sus allegados, que antes lo tenían como el “winner” total al haber logrado conquistar tan codiciado "trofeo" pero que ahora lo compadecían, y terminó divorciándose.
Él se había sentido exitoso mientras estuvo al lado de una envidiada “diosa”, y no pudo sostener la mirada de los otros a la hora de defender lo esencial, que, como dice “El Principito”, es “invisible a los ojos”.
Se ha hecho tal culto de la fachada, que hasta existe toda una industria montada a su alrededor: lipo-aspiraciones, implantes de siliconas, cremas, liftings, dietas nada saludables (lo importante es estar flacos), etc., La seguridad y la autoestima parecerían basarse en la manipulación y la seducción que se generan a partir del reconocimiento de un exterior que se adecúa a los cánones de belleza del momento.
“He aquí un caballo amarillo, y, el que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades lo seguía.”(Apocalipsis 6-4)
Este caballo “pálido” representaría al cuerpo físico, al mundo material, a los honores y títulos, al status, al dinero, al poder…y aquí advierte que, al que viva sólo para estas cosas le aguardará el infierno.
No nos olvidemos que cuando desencarnemos, este “traje” que tanta energía nos insumió, va a ser convertido en polvo, y que, solo aquello que logramos cultivar y aquilatar en forma de virtudes del alma va a ser el almacén de bien que nos vamos a llevar con nosotros como tesoro para nuestra próxima encarnación.
Muchas veces habrán escuchado el dicho popular ”la suerte de la fea la linda la desea” y creo que hoy cobra bastante vigencia, tanto para hombres como para mujeres: imagínense cuánto más relajada es la vida para aquel que, aún no teniendo belleza física, o riquezas materiales, se sabe genuinamente amado por su INTERIOR IMPERECEDERO y no por su “afuera extinguible”.
El otro día escuchaba hasta con ternura el pedido de ayuda que manifestaba un paciente ”Haga lo que sea, Doc, pero yo NO ME PUEDO quedar pelado”…está muy bien querer manifestar armonía aún en lo exterior, lo grave es sentir que, si se pierde, uno va a dejar de ser valioso…. acá, volvemos al caballo pálido del Apocalipsis…:que lo físico no nos esclavice, que nadie pueda “ensillarnos” o “domarnos”, que más bien seamos como los Unicornios, los Pegassus, esos caballos alados; que representarían lo indómito de nuestro espíritu, aquello que no sufre el deterioro del tiempo, aquello que es lo realmente verdadero a la hora de formar vínculos fuertes
GRACIELA LAURA FIRPO
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