LA MISIÓN EN LA VIDA
Cuántas veces nos encontramos vagando con el pensamiento, preguntándonos cuál será nuestra misión en la vida, y, en general, todos creemos haber venido para algo tan importante, aunque aún desconocido, que vamos perdiendo las pistas que nos muestra nuestro día a día.
Tantas veces nos complicamos en esta búsqueda, hacemos cursos, talleres, viajamos y leemos libros a ver si, en una de esas, aparece el grandilocuente destino que nos imaginamos tener..
Cuántas veces queremos llegar al décimo piso sin haber pasado antes por los otros nueve.... Jesús le dijo una vez a un hombre que quería aprender de Él: “Antes que yo te enseñe algo, primero ve y reconcíliate con tu hermano”. O sea, veamos si podemos solucionar las pequeñas cosas que hacen a lo cotidiano, con el mismo entusiasmo y compromiso que si nos dijeran que estamos destinados a salvar a la humanidad. Si uno no es capaz de sanar un vínculo con su marido, su hijo o su jefe, ¿Cómo se le van a dar responsabilidades mayores?. Si esto queda sin hacerse, nadie lo podrá hacer por nosotros, ya que cada uno de nosotros tiene un plan de vida exclusivo y todas y cada una de las piezas del rompecabezas son igualmente importantes.
La misión en la vida es lo que en la India llaman el Dharma, o sea el camino correcto, lo que vinimos a hacer.
Muchas veces nos encontramos frente a encrucijadas y, gracias a nuestro libre albedrío, podemos elegir uno u otro camino. Cuando nos tentamos y elegimos lo que, al menos en ese momento, y desde nuestro fatigado ego, (que ya está un poco cansado de tanto "camino escarpado" y anda con ganas de tomarse unas "vacaciones”), parecería ser la opción mejor, esa sea tal vez la que justamente termine por desvincularnos del propósito que traía nuestra Alma.
¿Y nuestra misión en la vida? A lo mejor sólo habíamos venido a intentar encontrarle la vuelta a “eso” de lo que terminamos escapándonos, y, uno, sin darse cuenta, mareado por el lavado de cerebro sobre lo que es ser una “persona exitosa”, se termina creyendo esto de haber “dado demasiado”…. “Ahora es mi turno".
"¿Cuántos años me quedan por delante?, Tengo que pensar en mí". Y, al principio la placentera sensación de haberse "sacado un sweater" que nos apretaba, inclina más aún la balanza para felicitarnos por el camino elegido.
Como la vida es siempre justa, nos irá mostrando la Verdad, porque cuando fuimos por el sendero correcto, todo fluirá armoniosamente a nuestro alrededor. La Voluntad de Dios y el Dharma son la misma cosa, y su saldo jamás dejaría heridos en el camino ni perseguiría fines egoístas.
El sendero correcto es siempre el bien, pero no el de poco alcance, el de nuestra comodidad, sino el bien común, ese que es bueno para todos, ese que nos deja tranquilos de verdad porque no lastimamos a nadie. A lo mejor sea un poco más trabajoso y nos de uno que otro “dolor de cabeza” pero es el que, en definitiva, nos va a traer la verdadera libertad.
Tantas veces erradamente creemos haber ganado al fin tranquilidad cuando, en realidad, enjaulamos más a nuestra pobre alma, que a lo mejor, había venido a pagar solo algunas cuentitas que quedaron pendientes y terminó contrayendo más deudas e hipotecándose a futuro, por lo cual, la supuesta nueva tranquilidad muchas veces será solo una pequeña pausa, tras la cual uno siempre terminará cosechando lo que sembró.
Nos evitaríamos tanto sufrimiento en la vida si fuéremos encarando todo lo que se nos va presentando por delante con amor, con agradecimiento, sin sentir ni pensar que vinimos para cosas mucho más importantes que "eso”. Cuando estemos confundidos o abrumados por el día a día, pidamos guía a nuestro Maestro Interior: él nunca nos terminará esclavizando por elegir la opción “light”, la de la alegría a corto plazo.
Como dijera antes, tal vez el sendero que vinimos a transitar no sea ni fácil ni rápido, pero es el que, al irse concretando, nos llenará de bendiciones y gozo. No nos olvidemos que de nuestras elecciones en la vida dependerá seguir haciendo vuelos rasantes como las gallinas de corral o elevarnos a la majestuosa altura de las águilas. Podemos elegir el triunfo de nuestro ego o el de nuestro Espíritu.
GRACIELA LAURA FIRPO
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